Nuestro cultivo no es el centro de Creem — los pacientes lo son — pero lo hacemos con la disciplina de un laboratorio. Esta es la trastienda, sin filtros.
Trabajamos exclusivamente con cepas de origen documentado. Cada planta madre es identificada, fenotipada en sus primeros ciclos y reservada en nuestro banco interno.
La propagación es siempre por esqueje — nunca por semilla anónima. Eso garantiza que la genética que probaste en una cosecha es la misma que vas a recibir en la próxima.
Operamos seis indoors propios entre Córdoba y Buenos Aires, divididos por etapa: madres, vegetativas, floración temprana, floración tardía, flush y secado.
Cada sala tiene monitoreo continuo de luz, temperatura, humedad relativa, CO₂ y pH del riego. Cada parámetro queda registrado en la planilla técnica del lote, junto a las acciones del cultivador.
El riego es con agua osmotizada y nutrientes de calidad analítica. Cero atajos también acá.
El curado es probablemente la etapa más subestimada del cultivo, y donde más se nota la diferencia entre flor de calidad farmacéutica y flor "comercial".
En Creem la cosecha pasa por un secado lento de 10 a 14 días a humedad y temperatura controladas, seguido de un curado en frasco de al menos 21 días. Burpeamos cada frasco a mano hasta que la flor está estable.
Sólo entonces va a análisis. Si no curó bien, no se entrega.
Cada lote — sin excepción — se analiza por HPLC para cannabinoides (THC, THCA, CBD, CBDA, CBG, CBN) y GC-MS para terpenos (mirceno, limoneno, pineno, linalool, β-cariofileno y 30+ marcadores adicionales).
Cuando aplica, sumamos análisis de inocuidad: microbiología, metales pesados, pesticidas y solventes residuales.
El COA queda disponible para la persona socia antes de la entrega, con QR único por frasco. La trazabilidad la maneja sativ.ai.
Si te resuena cómo trabajamos, sumate. La inscripción es sin costo y la primera consulta también.